La Typica es la variedad madre. De ella descienden casi todas las variedades de café que hoy se cultivan en América. En Colombia llegó en el siglo XVIII y echó raíces en altitudes donde el frío nocturno y la riqueza del suelo hacen su trabajo despacio.
Un café de la Typica colombiana no es espectacular en el sentido moderno del término. Es algo mejor: es equilibrado, honesto, profundo. Tiene la acidez justa, el cuerpo que esperas y un dulzor de caña que aparece cuando el café se enfría un poco.
El tipo de café con el que uno puede empezar el día sin pensarlo dos veces, y que un día te das cuenta de que llevas meses buscando sin saber que ya lo tenías.



